Aires de cambio en la isla

 

A simple vista parece que nada ha cambiado, que todo continúa inmutable, a pesar del tiempo. Los edificios desvencijados, los viejos Chevrolet que transitan por las desgastadas carreteras, los carteles que exhiben eslóganes del inicio de la Revolución no parecen indicar cambio alguno. Es como si la isla se hubiera detenido ese 1 de enero de 1959 con la caída del dictador Fulgencio Batista y la llegada al poder de los héroes de la Revolución. Pero, en realidad es una falsa  apariencia, solo hace falta rascar, escuchar, abrir los ojos y empaparse del ritmo diario para comprobar que la isla sigue viva, que bulle, que hay una efervescencia que se siente, se palpa.

La Habana, la capital, es el buque insignia de los cambios, muere y renace cada día para reinventarse de nuevo. Nadie habla, nadie lo dice, pero se percibe solo con pasear por sus calles. La Habana Vieja remozada por dentro y por fuera, al menos en parte, sigue un ritmo frenético de construcción y rehabilitación. Andamios y zanja muestran las tripas de su casco histórico y también del Malecón. La Habana que conocí en 2005 ya no es la misma, pero tampoco la de ahora será igual en poco tiempo.

La ciudad y la isla entera con sus habitantes se preparan para la nueva Cuba que está por llegar, es como un diamante perdido en el Caribe que se pule cada amanecer y que se acuesta con nuevas aristas al caer el sol. Una joya por redescubrir que hipnotizará a viejos conocidos y hechizará a quienes la miren con nuevos ojos.

Cuba se quita el polvo, hace pocos años era inimaginable que pudieran comprarse propiedades o que llegara inversión de manos extranjeras, hoy en día los cubanos sacan al mercado sus viviendas y sus “carros”. Algunos, pocos todavía, exhiben teléfonos de última generación o se agolpan en los telepuntos de ETECSA para comprar una tarjeta de móvil. La conexión a Internet es tímida aún, pero ya cada vez es más frecuente encontrar a nacionales, mezclados con turistas, en las escasas terminales para chequear su cuenta de correo o hacer algunas gestiones. Es lento y caro, las tarjetas de una hora de conexión cuestan 6 CUC, el dólar convertible, y el tiempo pasa demasiado deprisa. Pero, sin duda, algo está cambiando.

En cada esquina, en cada rincón de la Habana se escucha el golpeteo de los martillos, el traqueteo de las máquinas que construyen una nueva planta en una casa, un futuro restaurante, una tienda, un negocio sin más. Se habla y se vende en CUC, pero el salario medio de un cubano no alcanza los 30 dólares al mes, en una economía doble que se maneja entre la moneda nacional y el CUC. En la puertas y fachadas cuelgan anuncios de “SE VENDE”, aún no muchos, porque no se fían de lo que pueda suceder. Aunque solo hace falta preguntar para darse cuenta de que en una misma manzana hay más de dos e incluso 3 casas que están a la venta. Hay quienes aún optan por el antiguo sistema de la permuta –cambiar su vivienda por otra-, tienen miedo de que la ley que entró en vigor el 10 de noviembre de 2011 y que permite la venta de propiedades pueda cambiar de un momento a otro.

Cuba 2012

Pero ya sea de una forma u otra, las viviendas cambian de una mano a otra, todos piensan en sacar rentabilidad a su patrimonio, quizá puedan venderla por 50.000, 70.000, 10.000 dólares o más dependiendo de la zona y los casos. Si preguntas a cualquier cubano siempre obtendrás la misma respuesta: “Cuba es el mejor país del mundo para vivir con dinero”. La frase repiquetea en mi mente con un soniquete aturdidor y comprendo que Cuba está avanzando hacia el cambio.

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© ANA PERALTA 2012, devueltaalmundo.com